07 diciembre 2018

Martha Gutierrez

Mi novio me llevo a su casa el día que su madre había cumplido 42 años, era en una cuartería en Tlacoapa en la ciudad de México, cuando yo apenas tenía 16 años. Antes de que se cortara el pastel juan me dijo “te tengo una sorpresa que quiero que veas”; salimos afuera y en el pasillo se miraba una obra negra en la azotea de la casa, nos acercamos a una escalera de madera y Juan subió “ven acompáñame” me dijo estirando la mano. Estando arriba humilde mente me dijo: apenas estoy construyendo este cuarto para que nos vengamos a vivir cuando nos casemos.
Yo no tuve corazón para rechazarlo, pero yo no me vi viviendo ahí, ni teniendo hijos “hay diosito” repetí en mi mente.

En aquel entonces yo vivía con mis tíos y les tuve que contar de este proyecto y aunque vivía sin ningún lujo, ellos se negaron rotundamente.

¡No te podemos dar la bendición, estas muy chiquilla y así sin decirle a mi hermana!, Dijo mi tío. Ya después de tanto tiempo me di cuenta que para evadir la responsabilidad me dijo esas palabras que nunca le agradecí.

Esa misma noche antes de dormir, mi tía se acercó a mi cama y hablo con migo, en verdad te quieres casar? Hay más cosas que deberías de hacer antes de casarte, eres muy niña. 

¿Cómo que tía? pregunte.

Como ir a buscar a tu madre. ?Tú crees que ya después de casada vas a tener tiempo de ir a buscarla?. 
¿En verdad crees que puedo ir a buscarla? respondí y me quede dormida con esa linda ilusión.

Dos días después le conté a Juan de ir a buscar a mi madre y pedir su bendición, esto fue estando en el parque mientras comíamos una nieve. El me tomo de los hombros tan fuerte que me sacudió la cabeza. Por primera vez me sentí indefensa ante él, creí que me iba a golpear... pienso que de no haber escogido ese lugar público si lo hubiera hecho. Me sentí más convencida de que me tenía que alejar de él; lo abrace y llore, mi nieve se derritió en mis manos y al limpiarme reí mientras me decía en voz alta que era una tonta.

Al mes junte un poco de dinero y lo demás me ayudaron mis tíos, con esto me iría en tren a Guadalajara, después sonora y al final Mexicali. Mi tía me dio la dirección de su hermana y ahí yo podía quedarme unos días mientras buscaba a mi madre, la única pista era que trabajaba en una vidriería. Dos días antes le dije a Juan que me iría, el insistió en acompañarme diciendo “Puedo pedir unos días en mi trabajo, pero ya de ahí nos regresamos pase lo que pase” sus ojos estaban viendo a otro lado, me sentí controlada, ya no era libre. “Si, así va a ser” le dije.

El siguiente día agarre mi ropa y la metí a una caja amarrada con un mecate, me fui a la central camionera rumbo a tomar el tren, sentía que juan me iba a encontrar... hasta estando en sonora me alejaba de la gente para que no me reconocieran, tuve que dejar de comer esos días. Hasta que llegue a Mexicali y me aleje de la central camionera me sentí un poco confiada, pero ya no tenía hambre, nunca más en la vida me volvió a dar hambre.


Encontrar a mi madre no fue difícil, tarde dos días. Un hermano me reconoció mientras preguntaba por ella en una vidriería en el centro de Mexicali.